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domingo, 11 de febrero de 2018

La leyenda de Belsnickel



Resulta que Papá Noel, ya mayor, decidió un buen día reclutar ayudantes para repartir todos los regalos de Nochebuena. Así, iba encontrando diferentes personajes de distintos países dispuestos a ayudarle en la tarea. Muchos, la mayoría, eran duendes, o personajes mágicos. Pero en algunas ocasiones, también pedía ayuda a personas mayores, con tiempo e ilusión de sobra para hacer felices a los niños. Uno de ellos era Belsnickel.

Resulta que Belsnickel era un anciano amante de las montañas y la naturaleza. Vivía en una pequeña cabaña en medio de los Alpes y apenas bajaba al pueblo a comprar algunas cosas. Los niños le observaban con respeto y algo de miedo. Les parecía un hombre misterioso. Además, Belsnickel tenía el pelo largo y blanco y una barba espesa que le llegaba hasta el ombligo.

Sin embargo, a Belsnickel le encantaba los niños. Él no había podido tener ninguno, y para compensarlo, de vez en cuando bajaba al pueblo para dejar regalos sorpresa en la puerta de cada casa con niños. Solían ser figuras de madera talladas por él mismo: un pájaro, una mariposa, una estrella... Ellos, claro, no sabían quién dejaba ese regalo.

Papá Noel, que acababa de llegar a Alemania en busca de un ayudante, vio cómo el anciano se acercaba de puntillas a la puerta de cada casa, y sonrió satisfecho: tenía el candidato perfecto.

Papá Noel siguió a Belsnickel hasta su cabaña y se presentó. ¡Los dos eran muy parecidos! A Papá Noel le encantó charlar con alguien tan similar, que entendió a la perfección el recado que quería encomendarle. Belsnickel, un tanto sorprendido, escuchó con mucha atención a Papá Noel. Era todo un honor para él, y aceptó sin dudarlo. Desde entonces, sería uno de sus ayudantes, y en lugar de dejar regalos a los niños de vez en cuando, lo haría el 24 de diciembre, por la noche, cuando se hubieran dormido todos los niños, para que nadie le viera. Papá Noel le dio algunos consejos y ese mismo día, practicaron a partir de media noche.

Belsnickel ya no vio más a Papá Noel. Desde entonces, cada 24 de diciembre, recibía los regalos que debía repartir por medio de un trineo cargado de presentes y que siempre llegaba franqueado por renos. Su misión era repartirlos a todos los niños del lugar.